Manos valientes
He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos; No será avergonzado Cuando hablare con los enemigos en la puerta.
Salmos 127:3-5
Siempre me había preguntado al leer este pasaje, ¿qué relación tiene un hijo con una saeta/flecha?.
Al imaginarme estar en medio de una batalla, un arco y una aljaba llena de flechas, pensaba quizá me harían sentir estar preparada y segura. Pero realmente al ser madre, muchas veces realmente no me siento preparada o segura de lo que estoy haciendo, especialmente con la cantidad de consejos y opiniones que me rodean respecto a cada tema de la maternidad.
Entonces, ¿qué tienen que ver las flechas?. Al alejar un poquito mi atención del tema de las flechas y la aljaba me di cuenta que no se trata de lo que las flechas pueden hacer por mi, sino las manos que portan esas flechas.
Esas manos, no son de cualquier persona, son las manos de un <<valiente >>. En este pasaje al referirse a un valiente, no solo habla del carácter lleno de valentía y determinación de una persona sino que habla de un <<guerrero>>, como lo traducen otras versiones.
No se nace siendo guerrero, ni se hace un guerrero de la noche a la mañana. Un guerrero o un soldado es alguien que se prepara, se esfuerza, tiene disciplina, constancia y poco a poco va formándose hasta lograr estar ahí al pie del cañón en la batalla.
De nada sirven las flechas en cualquier mano, podrá tener la aljaba llena, pero no lograr llevar ninguna flecha al objetivo.
Así son los hijos, no se trata de una bendición el tener por tener hijos. Se trata de ser valientes guerreros, que lleven esas flechas al objetivo preciso. Se trata de ser padres responsables, preparados para guiar a esos hijos y que al presentarse el enemigo no sean avergonzados por él. Entonces sí habremos hecho de ese regalo de Dios una enorme bendición.
Y, ¿dónde está la escuela para padres?¿quién nos enseña a prepararnos para la batalla?
La respuesta está en Cristo, en el encontramos el ejemplo a seguir, la respuesta a cada duda, y la fortaleza en cada lucha.
Cristo es el camino y es también el objetivo a dónde aspiramos se dirijan nuestras pequeñas saetas. Es nuestro deber entonces prepararnos y prepararlos a ellos para el día en que salgan de la aljaba y crucen a través de la batalla hasta llegar a su objetivo.
Seamos esas valientes guerreras, que buscan cada día poner sus manos en las manos de Dios para que al tomar a nuestros hijos en ellas, logremos dirigirlos con sabiduría en su camino.
Dhyani Macias

Me encantó muchas felicidades!!!
ResponderEliminarMuy bonita reflexión..Dios nos de la sabiduría para guiar a nuestros hijos.
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