Adoptados como hijos de Dios
Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad. Efesios 1:4-5
Antes de la llegada de un niño al mundo se habla de él. Está en la mente de su madre incluso desde antes de su concepción, a veces desde la infancia de la mujer (cuando juega a ser mamá). En el discurso de los padres esta el anhelo del hijo; cómo lo quieren nombrar, lo que esperan hacer para él y con él. Se ponen en juego anhelos, deseos, fantasías, se espera que tenga ciertas características, el hijo es de cierta manera la obra de los padres. Desde que se concibe un embarazo, se comienza a formar “otra matriz” fuera del vientre de la madre, una matriz simbólica en la familia, en donde se comienzan a hacer preparativos para darle lugar al hijo y desde ese momento, los padres comienzan ya a asumirse como tales.
De cierta forma, como comenta Jorge Bekerman: “Todos somos hijos adoptivos, quizá la mayoría de los sujetos fuimos "adoptados" por la misma mujer que aportó su óvulo y su útero. Pero es madre y padre quien transformó un ente puramente biológico en un sujeto, al darle un lugar en el mundo y colocarlo bajo las palabras -Mi hijo-”.
Dios, nuestro Padre, nos concibió en su corazón mucho antes de que existiéramos físicamente, ¡antes de la fundación de mundo!, antes de que fuésemos formados en el vientre de nuestra madre Él ya nos conocía (Jeremías 1:5).
Al igual que los padres comienzan los preparativos para la llegada de un hijo, Dios preparó una morada para nosotros, así como el camino para llegar a ese hogar en donde habitaríamos junto a Él. Y es Cristo ese medio, ese camino por el cual llegaríamos a ser llamados “sus hijos”. A lo largo de la Biblia, encontramos cómo desde el inicio de la creación, el plan perfecto del Señor para adoptarnos como sus hijos, se va desarrollando hasta llegar a la cruz, porque de tal manera nos ha amado, que ha enviado a su hijo Jesucristo para que todo aquel que en El cree, nos e pierda, más tenga vida eterna.
El Señor me dijo: "Tú eres mi hijo. Hoy he llegado a ser tu Padre"
Salmos 2:7
Dhyani Macias

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