Una mujer de fe (Semana Santa)






Cuando Jesús terminó de hablar todas esas cosas, dijo a sus discípulos: «Como ya saben, la Pascua comienza en dos días, y el Hijo del Hombre será entregado para que lo crucifiquen». En ese mismo momento, los principales sacerdotes y los ancianos estaban reunidos en la residencia de Caifás, el sumo sacerdote, tramando cómo capturar a Jesús en secreto y matarlo. «Pero no durante la celebración de la Pascua —acordaron—, no sea que la gente cause disturbios».

 Mientras tanto, Jesús se encontraba en Betania, en la casa de Simón, un hombre que había tenido lepra. Mientras comía, entró una mujer con un hermoso frasco de alabastro que contenía un perfume costoso, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús. Los discípulos se indignaron al ver esto. «¡Qué desperdicio! —dijeron—. Podría haberse vendido a un alto precio y el dinero dado a los pobres». Jesús, consciente de esto, les respondió: «¿Por qué critican a esta mujer por hacer algo tan bueno conmigo?  Siempre habrá pobres entre ustedes, pero a mí no siempre me tendrán. Ella ha derramado este perfume sobre mí a fin de preparar mi cuerpo para el entierro. Les digo la verdad, en cualquier lugar del mundo donde se predique la Buena Noticia, se recordará y se hablará de lo que hizo esta mujer».

 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, fue a ver a los principales sacerdotes y preguntó: «¿Cuánto me pagarán por traicionar a Jesús?». Y ellos le dieron treinta piezas de plata. A partir de ese momento, Judas comenzó a buscar una oportunidad para traicionar a Jesús.
Mateo 26:1-16 NTV

Mateo nos relata en medio de dos situaciones de complot contra Jesús, la obra de fe de una mujer. 
Un grupo de hombres importantes de corazón egoísta y un amigo que traicionaría a su maestro por unas cuantas monedas, rodean la bella historia de una mujer que, en palabras de Jesús "realiza una buena obra por Él"; algo hermoso por su Señor (kalós, es el término griego que usa Marcos, que significa lindo, bonito o hermoso). 
Sí, mientras unos negaban la deidad de Cristo y otro incluso lo vendía irónicamente al precio de un esclavo, nos encontramos a esta mujer a quien Juan describe como María la hermana de Lázaro. Una mujer agradecida, una mujer que unge a Jesús de la cabeza a los pies, honrándole y reconociéndole como Rey y Señor, postrandose humildemente para secar sus pies con su cabello según nos relata el evangelio de Juan. 

Los discípulos la reprenden severamente, pues ante sus ojos aquel acto era un desperdicio.
Algunas mujeres, dice la palabra, sostenían el ministerio de Jesús (Lucas 8:1-3), quizá por eso los discípulos esperaban se diera económicamente lo del perfume. Y aunque el acto de la mujer parecía algo superficial, ella entendió lo que era necesario dar y en qué forma darlo. Ella entendió a quien tenía delante de sí, y con discernimiento y amor hizo todo lo que pudo por Él, entregando lo mejor que tenía a su maestro, y esto no era el perfume costoso, sino su corazón humillado ante Él, su Rey, su Señor, su Maestro y amado amigo Jesús. 

Jesús la honra grandemente, colocando aquella mujer y su obra para ser recordada  al lado de la Buena Noticia en dónde quiera que ésta sea predicada. 

...y toda la casa se llenó de la fragancia del perfume (Juan 12:3). 

Que nuestras obras por Cristo sean tan bellas, que inunden con su fragancia el lugar en donde estemos y que el centro de nuestro corazón sea siempre nuestro Señor y Rey. 


Dhyani Macias






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